24 abril, 2008

Pregunto a otros ataxicos


Hilda Pupo Salazar

La vi dos veces, llegó acompañada de sus tres hijos jóvenes y venía de Méjico. Nadie me lo dijo, pero su rostro traía una tristeza impregnada imposible de ocultar.

Estábamos en la Clínica cubana para la Investigación de la Ataxia Hereditaria, ubicada en mi provincia, y participábamos en el primer día del segundo ensayo clínico de esta institución, dedicada hace casi una década a buscar una alternativa terapéutica que cure a aminore los daños de esta terrible enfermedad degenerativa.

Enseguida supe su historia. El hijo màs chico, de unos veintitantos años, comenzó a padecer la dolencia, fue a la consulta en busca de apoyo y le resultó tan traumático, cuando le dibujaron su futuro con tan pocas perspectivas, como para empezar a morir en vida, entonces, allí oyó hablar de la Pequeña Islita del Caribe, de toda la dedicación de mi país por sus pacientes, de la existencia de un lugar, posiblemente único en el mundo, dónde un grupo de científicos dirigido por el doctor Luís Velásquez, ocupa largas jornadas para desentrañar las intríngulis del padecimiento, una clínica que ya ha hecho historia a nivel mundial por su resultados.

Ella vino en busca de ayuda y la encontró. Su hijo fue analizado y le entregaron un diagnóstico perfecto. Mucha orientación y aliento recibió, y lo màs importante, pudo constatar en la práctica que cuanto le habían aconsejado era cierto: “Váyase a Cuba y no se arrepentirá”.

Quienes padecen de enfermedades incurables saben que las esperanzas son como tablitas de salvación en medio del gigante océano, por eso cuando la vi, tan compungida y frágil, sólo atiné a decirle: “Hace casi 20 años tengo ataxia, no he perdido el deseo de seguir luchando y todavía trabajo, soy periodista” – ¿Y cómo puedes hacerlo?, dijo sorprendida. Frente a mi estaba el equipo médico de la Clínica: neuros, biólogos, sicólogos, clínicos… “Gracias a ellos y a mi Revolución que me lo dan todo”, le contesté.

Después de eso, en medio de tantos grises de la vida, tal vez añorando por tener una existencia que no pudo ser, soy feliz por esa maravillosa familia que tengo, y sin faltarle a la verdad me considero una cubana millonaria, no por el caudal de dinero que tenga, sino porque en ningún país del mundo puedo recibir esta atención: un gimnasio con todo el equipamiento para mi rehabilitación física, un rehabilitador disponible a toda hora, especialistas, medicamento, merienda, almuerzo y todo gratis.

Esos que hablan de cambios para mi Cuba, ¿Qué me pueden dar por eso? ¿Son realmente ricos quienes están nadando en dinero? ¿De qué restricciones de derechos hablan? Sería bueno escuchar anécdotas de otros atáxicos del mundo.

1 comentario:

indalecio dijo...

Por casualidad he encontrado tu bloc amiga Hilda ( espero me perdone el atrevimiento)y eres tan vital que hace que al leer tus escritos yo también me sienta esperanzado, soy el compañero de una afectada por la ataxia y muchas veces el peso de nuestras circunstancias llena todo el horizonte de oscuridad en esos momentos leerte tiene el efecto de una suave brisa que se lleva la negrura de nuestra vida sin más un abrazo de nuestra parte.